La Obra

10 mayo, 2016

La obra escultórica de Ranieri es de una desbordante expresividad, un nerviosismo moderno y urbano que confiere a sus figuras un talante duplicado entre la intemporalidad del mito griego y la proximidad de lo contemporáneo. De un dinamismo fantástico llega esencialmente al espíritu como una irrupción desbordante de la vida. La figura en movimiento nos refuerza la conciencia de que contemplamos algo que pasa, nos sugiere el antes y el después.

En el año 2004 en la Galería Windsor Kulturgintza presenta su primera muestra de escultura en Bilbao, sobre el mito de Prometeo.

A pesar de su proximidad geográfica y espiritual a Grecia, Calabria fue denominada la Magna Grecia, Antonio Ranieri no explota el yacimiento clásico, sino que parte de la presencia del cuerpo y del mito, de la tragedia y el sexo, para abordar una interpretación contemporánea de sus figuras. Frente a la ataraxia, la solemne imperturbabilidad del cuerpo clásico concebido como modelo de medida y armonía, Ranieri despliega en su obra una desbordante expresividad, una nueva vida, un nerviosismo moderno y urbano que confiere a sus figuras ese talante duplicado entre la intemporalidad del mito griego y la proximidad de lo contemporáneo.

Desde el punto de vista formal, lo hace recurriendo al arabesco, la espiral, el movimiento, en cierto sentido próximo a las “líneas de fuerza” de su compatriota Humberto Boccioni. Ranieri es plenamente consciente de esta inestabilidad de la belleza y somete a los cuerpos que modela a un juego de contorsiones capaz de mostrarnos la inagotable diversidad del cuerpo humano, sus aspectos cambiantes, todo aquello que se aleja del lugar común del canon y la medida de la perfección abriendo camino a la realidad de los cuerpos y las situaciones cotidianas, de la misma forma que la escultura de Alberto Giacometti o Max Ernst abandonan el carácter experimental de la vanguardia para entregarse a los delirios del inconsciente.

Desde el punto de vista temático, en su obra se pueden contemplar casi en exclusividad la figura humana con un perfil fundamentalmente vitalista , aquel que mejor es capaz de expresar la propia actitud de Ranieri ante la vida y el arte.

Si el manierismo del siglo XVI configura la disolución del ideal Geométrico quattrocentista, el surrealismo de Bretón sería la fase final del impulso vanguardista. Un arte Terminal, tal como lo fue el helenístico, la última época de esplendor del imaginario clásico, una serie de prácticas artísticas en las que el canon clásico estalló en mil pedazos Antonio Ranieri se aproxima a esta línea de heterodoxa ambigüedad. Su obra se situa en el terreno de las aspiraciones modernas a la expresividad individual, pero almacenando también el depósito de conocimientos y experiencias de tantos siglos de escultura y de proximidad a los cuerpos.

Sus obras conservan el ímpetu del momento creativo y son las que nos ofrecen la medida de este poliédrico artista, partícipe e interprete de nuestro tiempo, tiempo que es de todos con distintos ritmos y sensibilidades.

Obras frente a las cuales el ojo pulsa indefenso, frente a las cuales no se puede ser objetivo o quedarse indiferente. Enucleando mitos de mitos, fantasías de realidades, fábulas de historias, la ópera escultórica de Ranieri, es un punto de apertura en la historia social del arte, del pensamiento, y del vivir en este momento histórico difícil y polivalente desde una clara libertad interior.

“Un pezzo di reale”